sábado, 19 de abril de 2014

Nuevo planeta extrasolar de tamaño parecido a la Tierra

El planeta Kepler-186f es ligeramente mayor que la Tierra y está en lo que se denomina zona de habitabilidad, es decir, a una distancia del astro a la que el agua ni se evaporaría ni se congelaría. Los científicos señalan que, teóricamente, allí podría haber agua en estado líquido en la superficie. Está a unos 500 años luz de distancia de la Tierra y es el más exterior de los cinco planetas que giran en torno a una estrella enana, más fría que es Sol. “Hay gente que llama habitables a estos planetas y, por supuesto, no tenemos ni idea de si lo son. Solo sabemos que están en una zona habitable y que es el mejor lugar para buscar planetas que realmente lo sean”, advierte el astrónomo Stephen Kane, de la Universidad del Estado del San Francisco. Él forma parte del equipo, liderado por Elisa Quintana (astrónoma de la NASA), que ha descubierto el Kepler-186f con los datos obtenidos por el telescopioKepler. Los investigadores han logrado determinar el tamaño de Kepler-186f (1,1 radio terrestre), pero aún no conocen su masa, por lo que no pueden calcular su densidad. “Una vez que conoces la densidad media de un planeta, puedes decir si es rocoso o no”, añade Kane. El descubrimiento se publica en la revista Science.
Kepler-186f está cerca del límite exterior de lo que sería la zona de habitabilidad alrededor de la estrella Kepler-186 (en la constelación del Cisne), por lo que el agua en su superficie correría el riesgo de congelarse, pero como es algo mayor que la Tierra, a lo mejor tiene una atmósfera protectora algo más densa que la de nuestro planeta y térmicamente más aislante.
La estrella en torno a la que gira es diferente del Sol: más pequeña, más fría, consume su combustible más lentamente y su luz es demasiado débil para ser observable a simple vista desde la Tierra. Las estrellas de este tipo, explica Kane en un comunicado de su Universidad, son abundantes en la galaxia y, en principio, serían prometedoras desde el punto de vista de buscar vida a su alrededor, porque duran mucho más que las grandes, “lo que alargaría considerablemente el plazo de tiempo en el que podrían surgir la evolución biológica y las reacciones bioquímicas en la superficie”, añade el investigador. Pero, por otra parte, estos astros tienen a ser más activos que el nuestro, con más destellos y, potencialmente, emitirían más radiación hacia los planetas. Kepler-186 f da una vuelta completa en torno a la estrella en 13o días terrestres y recebe de su estrella un tercio de la energía que la Tierra recibe del Sol.
“Una de las incógnitas más interesantes de la ciencia es si la vida puede surgir en otro planeta o, lo contrario: si es algo único del nuestro. El descubrimiento de planetas con propiedades similares a las de la Tierral es un eslabón importante en la cadena que hace falta para dar respuesta a esta pregunta”, afirma Fred Adams (Universidad de Michigan), científico del equipo.
En su caza de planetas similares al nuestro, los astrónomos habían descubierto ya algunos que, por algunas características, se ajustarían al patrón, resume Yudhijit Bhattacharjje en Science. Kepler 20e es algo más pequeño que la Tierra y gira en torno a una estrella similar al Sol, pero fuera de la zona de habitabilidad (estaría demasiado cerca del astro y, por tanto, sería demasiado caliente); Kepler-22b está en órbita de una estrella como la nuestra y en zona habitable, pero es más grande que la Tierra (2,4 veces su radio); y ahora Kepler-186 f, cuyo tamaño encaja y está en zona habitable, pero la estrella no es como el Sol. En las últimas dos décadas, desde que se descubrió el primero, los astrónomos han encontrado unos 1800 planetas extrasolares en otros sistemas planetarios. Solo 20 de ellos orbitan alrededor de sus estrellas en zona habitable, recuerda la Universidad de Michigan. Pero todos ellos eran, hasta ahora, mucho más grandes que la Tierra.
Los otros cuatro cuerpos compañeros de Kepler-186 f en torno a la estrella enana tienen un tamaño inferior a la mitad del terrestre y sus órbitas duran tres, siete, 14 y 22 días respectivamente. Son demasiado calientes e inhóspitos para una forma de vida como la que conocemos, explican los investigadores del Centro Ames de la NASA y el Instituto SETI, en los que trabaja Quintana.
El planeta Kepler-186f ha sido descubierto con el método de tránsito, es decir, midiendo la ligerísima atenuación del brillo de una estrella cuando un cuerpo en órbita a su alrededor se cruza en la línea de visión de la Tierra. Tras ser detectado con el telescopio espacial Kepler, de la NASA, los científicos recurrieron a grandes telescopios (el Keck II y el Gemini) en Hawai para confirmar el hallazgo y desvelar algunas de sus características.

jueves, 17 de abril de 2014

Inclinaciones extrañas podrían hacer que más mundos fuesen habitables

inclinacion planetaria
Las órbitas inclinadas de algunos planetas se tambalean como una peonza que está a punto de dejar de girar, un efecto que podría mantener agua líquida en la superficie (impresión artística). Crédito: Goddard Space Flight Center de NASA
Los planetas que giran inclinados de un modo y luego cambian la orientación en un periodo de tiempo geológico corto podrían ser sorprendentemente habitables, según un nuevo modelo de NASA y científicos de universidades adscritos al Instituto de Astrobiología de NASA.
Los efectos en el clima producidos por estos mundos tambaleantes podría impedir que se conviertan en almacenes de hielo cubiertos por glaciares,  incluso si estos planetas se encuentran a cierta distancia de sus estrellas. Y con algo de agua que permanezca líquida sobre la superficie durante largos periodos de tiempo, dichos planetas podrían mantener condiciones favorables para la vida.
El nuevo modelo considera planetas de la misma masa que la Tierra, en órbita alrededor de una estrella similar al Sol y tienen uno o dos gigantes de gas en órbita cerca. En algunos casos, la atracción gravitatoria de estos planetas masivos puede cambiar la orientación del eje de rotación de los planetas terrestres en decenas o cientos de miles de años, un abrir y cerrar de ojos en términos geológicos.
Los científicos ya han encontrado una disposición de planetas en los que esto podría estar pasando, en órbita alrededor de la estrella Upsilon Andromeade. Allí, las órbitas de dos enormes planetas están inclinadas un ángulo de 30 grados una respecto de la otra. Comparada con nuestro sistema solar, esta disposición es extrema. Las órbitas de la Tierra y sus siete planetas vecinos difieren en 7 grados como mucho. Incluso la órbita inclinada del planeta enano Plutón, que realmente destaca, sólo difiere en unos modestos 17 grados.

domingo, 13 de abril de 2014

La nave espacial Stardust ha devuelto a los investigadores siete partículas de polvo interestelar. La totalidad de la muestra presentada esta semana en la Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria, pesa tan sólo una billonésima parte de un gramo. Es la primera vez que los científicos han puesto sus manos en el material primordial, inalterado por el violento nacimiento del Sistema Solar. La nave espacial Stardust, lanzada en 1999, ya ha alcanzado su primer objetivo, o sea: recoger unas cuantas partículas de polvo de la cola del cometa Wild 2 y devolverlas en una cápsula de reentrada, durante su paso cerca de la Tierra en el 2006. La NASA se tomó muchas molestias para conseguir estas partículas, porque se suponía que los cometas eran el repositorio del hielo y el polvo primordial – el producto de varios nacimientos y muertes de estrellas, que permitió la construcción del sistema solar. Pero resultó que los minerales en el polvo del cometa que Stardust logró recoger no eran tan prístinos. Habían sido calentados, fundidos y transformados totalmente en alguna parte cerca del sol naciente, y luego fueron llevados hacia el exterior, para ser incorporados a los cometas en las zonas de congelación ultra profundas, mucho más allá de los planetas más externos. Otras de las misiones de Stardust fue: recoger el polvo que entraba del espacio interestelar. En un total de 200 días entre los años 2000 y 2002, Stardust sacó sus paneles colectores en forma de raqueta de tenis, para atrapar el polvo interestelar mientras el sistema solar y la nave espacial se abrían paso a través de la Galaxia. Los paneles están compuestos de unos bloques de aerogel de unos centímetros de grosor – que es como un “humo congelado” hecho de sílice aireado y casi vacío (el 99,8% está vacío). La intención de estos bloques era frenar y retener las partículas de polvo, sin vaporizarlas. Esto es toda una hazaña, ya que las partículas interestelares son una milésima parte de la masa del polvo del cometa, y pueden viajar muy por encima de los 15.000 km/h. Una vez que el panel de muestra regresó a la Tierra, el problema era la búsqueda de las partículas recogidas, incrustadas en el aerogel. Empujados por la desesperación, los miembros del equipo de Stardust se dirigieron a unos 30.714 miembros del público general. El miembro del equipo, Andrew Westphal, de la Universidad de California, Berkeley dijo que: “Realmente no sabemos de qué otra manera encontrar las partículas incrustadas”. Los “plumeros” del proyecto Stardust@home eran un grupo de voluntarios que se ofrecieron para examinar las imágenes microscópicas tomadas a través del aerogel. Utilizaron el mejor sistema de reconocimiento de patrones del mundo – el ojo humano y el cerebro- para encontrar las huellas reveladoras dejadas por estas partículas. Cien millones de búsquedas más tarde, los miembros del equipo de Stardust obtuvieron siete “probables” impactos de partículas de polvo en el colector. Dos de las partículas tenían un peso de una billonésima parte de un gramo – 100 mil millones de ellas equivaldría a un grano de azúcar. Estas dos partículas se impulsaron en el aerogel a menos de 18.000 km/h y se quedaron atrapadas allí. Una tercera llegó tan rápido, que ni tan siquiera dejó residuos químicos, sólo un rastro. Cuatro partículas más, por casualidad, estallaron en el papel de aluminio fino situado alrededor de los bordes del aerogel, dejando material medible en sus cráteres. El cosmoquímico Scott, Mensajero del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, que no forma parte del equipo, dijo que: “Es todo un logro que el equipo de Stardust llegará hasta aquí”. Él está de acuerdo con Westphal que estas “son las muestras extraterrestres más difíciles de conseguir jamás.” Para estar seguros de que los granos son verdaderamente interestelares, los investigadores deberán, próximamente, transferir estas partículas infinitesimales de polvo del interior del aerogel a otros instrumentos para su posterior análisis, en particular de sus isótopos. Westphal dice que: “El desarrollo de las técnicas será fundamentalmente aburrido, pero necesario”. Estas partículas serían muy fáciles de perder.

Después de un largo año de búsqueda intensa, la nave espacial Stardust ha devuelto a los investigadores siete partículas de polvo interestelar. La totalidad de la muestra presentada esta semana en la Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria, pesa tan sólo una billonésima parte de un gramo. Es la primera vez que los científicos han puesto sus manos en el material primordial, inalterado por el violento nacimiento del Sistema Solar.
La nave espacial Stardust, lanzada en 1999, ya ha alcanzado su primer objetivo, o sea: recoger unas cuantas partículas de polvo de la cola del cometa Wild 2 y devolverlas en una cápsula de reentrada, durante su paso cerca de la Tierra en el 2006. La NASA se tomó muchas molestias para conseguir estas partículas, porque se suponía que los cometas eran el repositorio del hielo y el polvo primordial – el producto de varios nacimientos y muertes de estrellas, que permitió la construcción del sistema solar. Pero resultó que los minerales en el polvo del cometa que Stardust logró recoger no eran tan prístinos. Habían sido calentados, fundidos y transformados totalmente en alguna parte cerca del sol naciente, y luego fueron llevados hacia el exterior, para ser incorporados a los cometas en las zonas de congelación ultra profundas, mucho más allá de los planetas más externos.
Otras de las misiones de Stardust fue: recoger el polvo que entraba del espacio interestelar. En un total de 200 días entre los años 2000 y 2002, Stardust sacó sus paneles colectores en forma de raqueta de tenis, para atrapar el polvo interestelar mientras el sistema solar y la nave espacial se abrían paso a través de la Galaxia. Los paneles están compuestos de unos bloques de aerogel  de unos centímetros de grosor – que es como un “humo congelado” hecho de sílice aireado y casi vacío (el 99,8% está vacío). La intención de estos bloques era frenar y retener las partículas de polvo, sin vaporizarlas. Esto es toda una hazaña, ya que las partículas interestelares son una milésima parte de la masa del polvo del cometa, y pueden viajar muy por encima de los 15.000 km/h.
Una vez que el panel de muestra regresó a la Tierra, el problema era la búsqueda de las partículas recogidas, incrustadas en el aerogel. Empujados por la desesperación, los miembros del equipo de Stardust se dirigieron a unos 30.714 miembros del público general. El miembro del equipo, Andrew Westphal, de la Universidad de California, Berkeley dijo que: “Realmente no sabemos de qué otra manera encontrar las partículas incrustadas”. Los “plumeros” del proyectoStardust@home eran un grupo de voluntarios que se ofrecieron para examinar las imágenes microscópicas tomadas a través del aerogel. Utilizaron el mejor sistema de reconocimiento de patrones del mundo – el ojo humano y el cerebro- para encontrar las huellas reveladoras dejadas por estas partículas.
Cien millones de búsquedas más tarde, los miembros del equipo de Stardustobtuvieron siete “probables” impactos de partículas de polvo en el colector. Dos de las partículas tenían un peso de una billonésima parte de un gramo – 100 mil millones de ellas equivaldría a un grano de azúcar. Estas dos partículas se impulsaron en el aerogel a menos de 18.000 km/h y se quedaron atrapadas allí. Una tercera llegó tan rápido, que ni tan siquiera dejó residuos químicos, sólo un rastro. Cuatro partículas más, por casualidad, estallaron en el papel de aluminio fino situado alrededor de los bordes del aerogel, dejando material medible en sus cráteres.
El cosmoquímico Scott, Mensajero del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, que no forma parte del equipo, dijo que: “Es todo un logro que el equipo de Stardust llegará hasta aquí”. Él está de acuerdo con Westphal que estas “son las muestras extraterrestres más difíciles de conseguir jamás.” Para estar seguros de que los granos son verdaderamente interestelares, los investigadores deberán, próximamente, transferir estas partículas infinitesimales de polvo del interior del aerogel a otros instrumentos para su posterior análisis, en particular de sus isótopos. Westphal dice que: “El desarrollo de las técnicas será fundamentalmente aburrido, pero necesario”. Estas partículas serían muy fáciles de perder.
Fuente: http://www.cosmonoticias.org/